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Cristóbal
Ortiz /SAI
1.
Antiguamente, le correspondía labores en el ámbito
hogareño: cocinar,
lavar, buscar
leña y
agua, cuidar
a los niños,
y en los traslados frecuentes (dado el carácter
agrícola guerrero de la etnia) portaba naturalmente
los trastos y elementos domésticos diversos,
aparte de los cuidados requeridos para el mantenimiento físico del
entorno aldeano y de los cultivares.
Igualmente, la obtención, guarda
y distribución
de alimentos naturales en
compañía de niños (o de adultos
varones).
Todas
estas actividades realizadas cotidianamente habrán contribuido de
modo eficaz a robustecer su físico y su estado saludable general, a su
gallardía y rasgos fisonómico - estéticos
ponderables, relucientes, capaces de generar
afectividad y pasiones de elevados
quilates, no solo en sus propios varones,
sino también en los mismos
allegados desde las más diversas
culturas.
2.
A las mencionadas robusteces físicas unen las
mujeres guaraníes prácticas
higiénicas y alimenticias
que mayormente las guardan de excesos y morbimortalidades, las cuales
pudieran repercutir negativamente
en su descendencia como en la suya propia.
Pero destacan igualmente , sus
dotaciones valiosas en el ámbito
intelectual, moral y hasta artístico.
Así, se ganan el respeto y la consideración del compañero, junto a
quien no va en zaga en cuanto a entereza y a la defensa inclaudicable,
abnegada y enérgica (valiente y
firme) de todo cuanto considere dignamente suya.
3.
Los roles desempeñados en aquella
suerte de inicial división de los trabajos en un poblado guaraní,
histórico y actual, no se
inscriben tanto en un sistema de
relaciones asimétricas, sino más
bien en un claro ejercicio de poderes o funciones complementarios,
los cuales interactúan más horizontalmente en la vicisitudes
cotidianas, bien observados todavía
en nuestros días. El
divorcio o
repudio continúa siendo
derecho real de la mujer (esposa) guaraní,
quien sencillamente deberá manifestarlo a su pareja si la está tratando
indebidamente, o
de una vez abandonándolo, sin más.
Y esto no constituye deshonor o insulto para una u otro.
Gozan
de especial consideración las ancianas, madres, esposas, hijas incluso más que
cualquier varón, ordinariamente; pues
la participación de ellas en la organización
social es cimental,
atravesando todos y cada uno de
los espacios de la vida comunal; hasta
el disfrute más desacralizado de las celebraciones no asumen ribetes de buen éxito
sin el regocijo expreso de las mismas.
Ellas son dueñas por
excelencia del hogar, tamizando
decisivamente las conductas particulares
y comunales con habitual
ternura y poder de sublimación ejercidas respecto
a los varones,
aún en los momentos más álgidos o de supremo frenesí, por eventuales
circunstancias agraviantes del orgullo varonil (belicoso)
empujaran inexorablemente a puniciones hasta la crispación inaudita.
Tan solo la mujer guaraní logrará generalmente tranquilizar, ablandar o
someter tanta bravura e indómito carácter.
4.
La sociedad guaraní avala y confirma continuadamente el rol de productora y
reproductora por antonomasia de la
mujer, no sólo en el ámbito económico
y biológico.
Pero también, en la esfera
propiamente cultural y social del
complejo entramado de las
relaciones sico-afectivas y éticas
de reciprocidad y de nivelación de comportamientos individuales y
comunales. Es capaz de acceder a
roles de sacerdotiza y de portadoras reconocidas
de los contenidos más valiosos de la vida biológica, societal y espiritual
guaraní. Su influencia no es
menos gravitante en la defensa de
lo suyo innegociable, como
la adopción y acomodamiento de
pautas y contenidos innovadores, necesarios o convenientes para el mejor desempeño deseable
de las nuevas generaciones, de cara
al porvenir o coyunturas más
o menos anticipadas.
Es
insustituible la cooperación específica de la mujer guaraní para el
mantenimiento necesario del “fuego”
doméstico (aldeano), en la preparación de los rituales más centrales de su
cultura (adornos, pinturas,
indumentarias, rezos, cantos, ritmos, coplas, bebidas, comidas, presencia/acompañamiento de los más diversos contenidos simbólico- religiosos), sin
los cuales aportes, los efectos inmediatos
y mediatos deseados, preconizados
jamás serán obtenido o, al menos suficientes.
Necesariamente, está presente en el recibimiento de todo nuevo ser
incorporado al espacio–temporalidad guaraní (partera),
como también
en la despedida
a quien regresa/penetra a otras dimensiones para que la tierra
sepulcral no pese al alma viajera.
5.
Respecto a la sexualidad de la mujer guaraní,
aunque afectuosa
y ardiente están lejos de ser lujuriosas,
aunque impresionables y expresivas no son dadas a solicitudes sexuales o
afectivas excedidas, nada fáciles ni provocadoras.
Son
mas bien o se muestran tímidas, recatadas
especialmente ante los ojos extraños
o poco conocidos.
De hecho, aún
en nuestros días, casi no
se observan casos
de prostitución abierta,
al menos como en la sociedad nacional
es concebida tal actividad, abarcante e indiscriminada.
Sintéticamente,
es ésta la mujer todavía visible en las comunidades guaraníes, en los albores del tercer milenio.
Y es también ésta la madre de la mujer paraguaya, o la primera
mujer en el Paraguay, la misma que
garantizó y sigue garantizando sin cesar la azarosa historicidad nacional.
6.
A pesar de estos paradigmas y prácticas
vivientes, en el último medio
siglo, el proceso creciente de
erosión cultural y socio-económico
sufrido por el pueblo guaraní, llegó a
afectar también en las últimas décadas principalmente, el ámbito de
competencias mejor atribuidas a la mujer, observándose
hoy día desplantes e inconductas de desconsideración, minimalizantes,
provenientes de propios y
extraños a sus colectividades.
Es
así, que ellas mismas han
gestionado y obtuvieron avales pertinentes para activar organizadamente como
mujeres, dentro mismo de los órganos
comunales y étnicos correspondientes, a fin de obtener rendimientos
en sus tareas propias, sin
desdeñar compromisos y solidaridades más globales.
Esto es observable primordialmente en el pueblo Paï Tavyterä
y en el pueblo Ava Katuete (Ava Guaraní),
menos explícitamente entre
los Ache y Mbya.